Ahora me doy cuenta que la vida es una derrota tras otra, un afán de sonreír sin buenos resultados a menos que no destruyas la superficie. Hay momentos en los que desearía una mínima tregua, algo más que un sueño en el que ocurran esos sucesos que parecen imposibles y por los que temo día a día que sean del todo irrealizables. Bocanadas de aire constantes y sonrisas demasiado perfiladas para mi gusto se esconden y no soy capaz de atraparlas pues me calan de arriba a abajo.
