Todos hemos vivido algún momento con una amiga, una pareja, un hermano, o incluso un desconocido, en el que decimos las mismas palabras a la vez, damos una opinión y sentimos que nos escuchamos a nosotros mismos, nos sentimos plenamente identificados con el otro, o nos vemos reflejados en el. Todos somos gotas del mismo océano. Pero todos somos gotas distintas. Luego llega la decepción de otro momento en el que ya no podemos recitar los mismos puntos de vista como una poesía que los dos amamos, porque ya no coincide nuestra poesía favorita; nuestra opinión; nuestro punto de vista; nuestro mundo.
Entonces, te vuelves a sentir sola.